Posted by on Abr 4, 2014 in | 0 comments

Había una vez una muchacha que se llamaba Paz, a la que por su cumpleaños le regalaron un hermoso velero. Era azul con unas grandes velas blancas que, al estar abiertas, hacían que con el tiempo la nave surcase casi volando los mares.

Con él podía ir por donde quisiera, y todos los ratos libres que tenía aprovechaba para escapares y recorrer los más preciosos parajes.

Le puso como nombre, en recuerdo de una bella canción que le gustaba mucho, y grabado en letras de oro: “LIBERTAD”.

Un fin de semana de un mes de octubre salió muy ilusionada, como de costumbre para zarpar. Hacía un tiempo espléndido con un agradable y tibio sol, acompañado por una suave brisa.

Cuando estaba muy lejos, sin ver tierra de por medio, súbitamente el cielo empezó a oscurecerse y el mar, antes en calma, se volvió tan bravo y fiero que la embarcación empezó a tambalearse sin que ella pudiera controlarla. Entraba tanta agua que no podía mantenerse a flote, hasta que al final acabó por hundirse.

Entonces…