Posted by on Sep 8, 2016 in Cuentos, Mágicos | 0 comments

Una mañana en la plaza de un pequeño caserío y justamente en el mismo centro donde había un parque lleno de plantas, apareció un gran árbol  con grueso tronco y majestuosas hojas de color rosado.

Nadie sabía cómo había llegado hasta allí, quien lo había traído o quien lo había plantado.

Lo habitantes del municipio, estaban entre asombrados y desconcertados a causa de aquel inexplicable misterio y por más que intentaron hacer averiguaciones, ninguna persona tenía ninguna respuesta o aclaración al respecto.

En aquella aldea en una casita situada enfrente y rodeada de hermosas flores de variados colores, vivía una bonita niña que tuvo una complicación al nacer y por tal causa, tenía dificultades para caminar y se desplazaba sentada en una silla de ruedas.

Aquella pequeña,  era morena, de ojos verdosos y se llamaba Asha que es un nombre Hindú y significa Esperanza.

Cada día cruzaba el jardín, se acercaba al arbusto y entonces levantándose con cierta dificultad de su asiento, lo rodeaba con sus bracitos y permanecía así durante un buen rato.

Sus vecinos no entendían el motivo de este ritual y al preguntarle, ella contaba que había tenido un sueño en el que le habían revelado, que existían árboles encantados a los cuales si les hablas, acaricias y abrazas, pueden ayudarte porque son mágicos y tienen poderes.

Cuando contaba este relato, todo el mundo se mofaba y burlaba, pero esto no la desanimaba en absoluto, ni la hacía desistir, ya que sin hacerles el más mínimo caso y con la convención de que era verdad su sueño, cada noche, seguía acercándose al árbol y agarrándose a su corteza, le charlaba, mimaba y luego lo estrechaba con sus bracitos durante un buen rato.

Pasado un tiempo, las plantas de alrededor empezaron a crecer más hermosas que antes y a dar unas preciosas flores, que desprendían un intenso y agradable aroma que se esparcía por todo el pueblo.

Al cabo de una temporada, sin que los médicos se explicaran científicamente el motivo, Asha empezó a mejorar y después termino por poder caminar.

La gente de aquel pueblo comenzó a mosquearse y a partir de entonces cuentan que cada anochecer, se ven personas que a escondidas y amparas por la oscuridad de la noche, van sigilosamente a aquel bonito jardín para abrazar al árbol…