Posted by on Dic 14, 2014 in Cuentos, Mágicos | 0 comments

Según cuenta la leyenda existe un lugar muy lejano, cerca del cruzado mundo  donde viven las Hadas, que es el territorio donde habitan los Gnomos, donde allí todo es de color azulado.

Encontrarlo es muy difícil y para llegar hasta él, deben atravesarse infinidad de condados, tierras, ríos y mares.

Para que los humanos no encuentren su entrada, los duendecillos tiene colocadas infinidad de trampas y también unas pequeñas hadas que son las guardianas del lugar y que vuelan sin parar vigilando constantemente su acceso, con el fin de rociar con polvos mágicos del olvido, al que logre aproximarse demasiado a su zona, para que así no pueda acordarse de nada y ni tan siquiera el camino de regreso.

En tal caso y si algún hombre consigue acercarse lo bastante, primero lo dejan adormecido y luego lo transportan de nuevo muy lejos. Entonces este al despertar, como ha perdido la memoria, no puede recordar ninguna cosa con referencia a su pasado, ni a su peligrosa aventura.

En aquel bosque, como ya os he contado antes, todo es de color azul, las Hadas, los Gnomos, los árboles, el agua, los peces del estanque e incluso todas las flores.

Un día una joven que se había quedado sola, logró llegar hasta allí después de haber sorteado la infinidad de obstáculos que encontró en su camino. Las Hadas se acercaron inmediatamente para  rociarla con sus partículas mágicas (tal como era su cometido), pero al aproximarse a ella; observaron con gran desconcierto, que la mujer tenía los cabellos casi blancos y la tez totalmente blanquecina. Nunca habían conocido una persona albina y esto les lleno de fascinación…