Posted by on Ago 31, 2016 in Sensaciones | 0 comments

Hoy en día se ha puesto de moda todo lo relacionado con los fogones.

Todos sabemos que la cocina es un completo instrumento, con potencial cultural de enorme peso y poder. Me atrevería a afirmar que es una de las costumbres más habituales y empleadas sobretodo por los Latinos, que las usamos tanto para una gestión comercial, cualquier tipo de celebración e incluso una cita romántica. Todas estas reuniones suelen empezar siempre, alrededor de una mesa.

Asimismo creo (sin intentar caer en falsos machismos), que mayormente con gran cantidad de hombres, es mucho más fácil empatizar o llegar hasta ellos, tomando el sendero del estómago.

Cuando el tiempo me lo permite, suelo tomarte una siesta de teléfono y demás tecnologías para ponerme a cocinar; sin ajetreos, con pausas, sin prisas, jugando con la imaginación y los ingredientes, en una especie de puesta en acción y comunión de los sentidos, con el fin de despertar emociones.
Normalmente prefiero hacerlo sola y soy tan crítica conmigo misma, que nunca estoy satisfecha con mis resultados.

El cocinar no supone únicamente para mí, un ejercicio de supervivencia. Es mucho más que esto. Es una práctica armónica e íntima. Si la compartes, tiene la capacidad y al mismo tiempo ofrece la posibilidad, de conectar interiormente con otros de una forma un tanto especial, algo profunda e incluso de manera algo espiritual. Por este motivo no me seduce la idea de cocinar con cualquiera. Solo me produce un cierto placer, si existe algún vínculo especial o contacto emocional con las personas con las que comparto estas pequeñas experiencias…